23 diciembre, 2006

Dracofidio, el mito

En la antigüedad, el Dracofidio no sólo gozaba del privilegio de la existencia sino que además era considerado sagrado.
Los hombres lo elevaban a la categoría de semi-dios debido a su singular modo de trasladarse: mientras el resto de los seres caminaban, volaban o nadaban, el Dracofidio se deslizaba. Eso, decían los humanos, era una señal innegable de su semi-divinidad. Al margen de esta particularidad, el Dracofidio poseía dos lenguas de cincuenta centímetros cada una; una de ellas estaba hecha íntegramente de fuego y la otra, de hielo.

Lamentablemente, hay siglos de mitología perdida. Dicen las fuentes que el Dracofidio dejó de existir (cálculo aproximado) en el año tres mil antes de Cristo. La historia brumosa de su estirpe nos conduce a conjeturar que el último descendiente de nuestra antigua semi-deidad es el animal conocido con el nombre de Serpiente; irónicamente, la Serpiente carga con una mala fama que nada tiene que ver con el prestigio de su antepasado, mala fama que comenzó con ese asunto de la manzana.

Esta mitóloga se pregunta qué otros vástagos de qué otro dios estaremos repudiando sin saberlo y qué actual dios será, mañana o pasado, un vil animal condenado a arrastrarse sobre su vientre.

2 Comments:

Blogger El detective amaestrado said...

¿No habrá mutado en alguno de nuestros gobernantes?

24/12/06 09:21  
Blogger Hôichi said...

los dragones son buenas mascotas

24/12/06 11:02  

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