07 noviembre, 2006

Herida por un sable sin remache

Y estoy rezando
por los corazones desesperados
esta noche


Aerosmith


Hace unos meses quise comprarme una remera de Aerosmith.
Entré a la Bond Street y me llegó un aire a Miranda! que venía de todos los rincones. Entré a un local de remeras, pedí lo que quería, y el vendedor me miró con cara de "¡ey, Marty Mc Fly, Woodstock pasó hace rato!". Huí de allí y me metí en el local de al lado.
- ¿Tenés remeras de Aerosmith?
- No, pero tengo de Babasónicos - me contestó la vendedora.
Luego del estupor inicial, imaginé al cantante de Aerosmith, Steven Tyler, cantando "estoy mirando a tu novia ¿y qué?", y mientras deambulaba entre la depresión y la hilaridad me pregunté: "¿Da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón?". Como soy incurablemente optimista, seguí mirando vidrieras que disparaban remeras con la leyenda Es la guitarra de Lolo en su torso.
De Aerosmith, una banda prestigiosa con más de treinta años de carrera, ni noticias.

Esta semana volví. Tal vez trajeron remeras de Aerosmith, pensé rebalsando ingenuidad.
En el primer local que entré había un perchero con remeras colgando. De la primera percha colgaba una remera azul con el dibujo de una muñeca decapitada. De la segunda, una remera verde con el mismo dibujo de la muñeca decapitada. De la tercera, una remera blanca con el mismo dibujo de la muñeca decapitada.
Fui al local de al lado. De la primera percha colgaba una remera rosa con el dibujo de una muñeca tuerta. Sabés cómo tengo las pelotas... diría Pepe Argento.

Caminé un poco más; vi un negocio que no tenía signos de muñecas decapitadas y entré. De las perchas colgaban remeras rosa con dibujos de corazoncitos y florcitas y estrellitas y, en el centro, una foto de Carlos Monzón. Sí, el boxeador. No, no lo soñé. No, no ingiero alucinógenos.

Seguí caminando. Entré al último local. Era minúsculo. De la primera percha colgaba una remera con la leyenda Soy puta en el frente. De la segunda, una remera con la cara del Che Guevara y la leyenda Hasta la victoria siempre debajo. Con mucho cuidado para no vomitar encima de la foto del guerrillero, huí de allí continuando la canción que había empezado meses atrás en el mismo lugar: "Vivimos revolcaos en un merengue, y en el mismo lodo, todos manoseaos...".

Recordé lo que dijo Dolina (si nos espera el olvido, tratemos de no merecerlo), sentí vértigo de lo rápido que pasa todo... y vi el vaso medio lleno: las modas, efímeras y sádicas, logran que hombres como Enrique Santos Discépolo conquisten la atemporalidad. Lujo inmenso del que no podrán jactarse las muñecas decapitadas.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Si es cierto, todo lo que nos venden o quieren vendernos empieza por la moda.
Además hace tiempo que comercializaron lo contracultural, lo revolucionario y a los revolucionarios. La publidad y la moda se dio cuenta que lo contracultural vende. Así que ya es comida para el rebaño.

No te enfades, pero Aerosmith me parecen una pardodia de si mismos jejeje. No me quejo de que te gusten, que coste. Besitos niña

8/11/06, 7:50 a. m.  
Blogger Arcángel Mirón said...

Admito que ultimamente Aerosmith se pasa un poquito con el asunto de los cds de grandes éxitos...

Pero están perdonados.

:)

8/11/06, 6:07 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Muy bien perlita! Todo es igual, nada es mejor. Qué grande Discépolo.

15/11/06, 7:41 p. m.  

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