08 noviembre, 2006

Cuando en el mundo ya no quede nada

Voy viajando desde mi Lanús hasta Tigre y no puedo creer que Buenos Aires sea aún mucho más grande que eso que veo.

No conozco otros lugares. No salí, todavía, de esta ciudad bruja. No puedo, entonces, compararla con otras.

Sin embargo, no hace falta que me ausente para notar que Buenos Aires es algo raro. Tiene algo de diva, no hay dudas. Las divas se caracterizan por ser inalcanzables, seductoras, un tanto frías; yo paseo por Florida y siento ese humo abrumador y no siempre agradable.
Después me interno en algún barrio de provincia o del sur de Capital y la diva desaparece para dejar paso a la parte trasera de un escenario que se mantiene en pie como puede (hermoso a veces, destartalado otras veces) gracias a los esfuerzos de los utileros. Y no siempre es desagradable.

Pero voy a dejar que lo expliquen aquellos que lo hacen mejor. Páez y Sabina cantan Buenos Aires:

En Buenos Aires brilla el sol y un par de pibes,
en la esquina, inventan una solución.
En Buenos Aires todo vuela, la alegría,
la anarquía, la bondad, la desesperación.
Y Buenos Aires es un bicho que camina,
ensortijado entre los sueños y la confusión.
En Buenos Aires descubrí que el día
hace la guerra, la noche el amor.
En Buenos Aires leo, fumo, toco el piano
y me emborracho solo en una habitación.
En Buenos Aires casi todo ya ha pasado
de generación en degeneración.
Y Buenos Aires come todo lo que encuentra
como todo buen Narciso, nadie como yo.
Pero el espejo le devuelve una mirada
de misterio, de terror y de fascinación.
Buenos Aires, buenos aires,
buenos aires para vos.
En Buenos Aires toca Charly en un biloche
planetario, es alto y voluptuoso.
En Buenos Aires llega un punto en que ya nada
vale nada y todo vale nada.
En Buenos Aires nos acechan los fantasmas
del pasado y cada tango es una confesión.
Cuando en el mundo ya no quede nada,
en Buenos Aires la imaginación.
Es una playa macedónica tan cierta
y tan absurda viven Borges, Dios y el rock and roll.
En Buenos Aires viven muertos, muertos viven
y no quiero más tanta resignación.
Yo quiero un barrio bien canalla, bien sutil
y bien despierto, supersexy,
quiero una oración
que nos ayude a descorrer el velo
y que termine la desolación.
Buenos Aires, malos tiempos
para hacerte una canción.
En Buenos Aires los amigos acarician
y los enemigos tiran a matar.
En Buenos Aires, San Martín y Santa Evita
montan una agencia de publicidad.
En Buenos Aires, la política… que falta
de respeto, que atropello a la razón.
En Buenos Aires, el fantasma de la ópera
camina solo por Constitución.
En Buenos Aires tengo más de lo que quiero
pero lo que quiero nadie me lo da.
En Buenos Aires hay un Falcon pesadilla
en el museo de cera de la atrocidad.
En Buenos Aires falta guita pero sobran
corazones condenados a latir.
En Buenos Aires amanezco, resucito,
me defiendo a gritos, quiero ser feliz.
En Buenos Aires cuando hablamos de la luna
solo hay una: la del Luna Park.
En Buenos Aires he perdido mil batallas
pero hay una guerra que pienso ganar.
Buenos Aires.
En Buenos Aires brilla el sol y un par de pibes,
en la esquina, inventan una solución.
(cuando en el mundo ya no quede nada)
en Buenos Aires todo vuela, la alegría,
la anarquía, la bondad, la desesperación.
Todas las noches sale el sol
todos los días vuelve el sol.

1 Comments:

Blogger Hôichi said...

No se que tiene Buenos Aires, es uno de mis viajes pendientes, entre otros. No se, tiene algo que me ha hechizado desde siempre, ya me ha echado su influjo, y no puedo escapar. Algún Día cumpliré con ella.

Besitos

9/11/06 07:53  

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