08 agosto, 2007

Locos por naufragar

El comercio venturoso no es algo fácil.
En mi barrio, hace unos años, existía un negocio atendido por un turco. El lugar no debía estar habilitado ni siquiera como armario de escobas, ya que era un cuartucho de dos por dos con un mostrador, unos estantes y pará de contar. Tampoco tenía baño, y esto sí que era un problema. El turco orinaba en un balde y luego, al final de la semana, arrojaba en plena calle el contenido acumulado durante días. Cuando digo arrojaba es eso lo que quiero decir; no es que cuidadosamente volcaba su orín añejo en la zanja y a continuación echaba lavandina, no. Arrojaba el contenido del balde en medio de la calle. En verano, el hedor era criminal.
Pero me fui de tema, lo que realmente quería contar era que el negocio que tenía el turco era un negocio de toallas y sábanas. Y mi barrio es un barrio sin grandes pretensiones mercantiles: casas de familia y negocios que nos proveen lo necesario; verdulerías, carnicerías, almacenes. No hay lugar para mercaderes que ofrecen más de lo indispensable. El turco cerró su negocio y, sinceramente, no extrañamos su orín.

A media cuadra de la toallería del turco, alguien alguna vez puso una boutique (esto ya lo conté, lo se). Se trataba de una boutique de lujo, con vestidos para señoras distinguidas que asisten a fiestas y reuniones elegantes. En mi barrio no abundan las señoras de ese tipo. La boutique tenía los pisos, las paredes y las vidrieras alfombradas con una alfombra de terciopelo verde oscuro o bordó, no recuerdo, que aumentaba la sensación de exquisitez.
Si la toallería del turco duró poco, imaginen el destino de la boutique.
No, no lo imaginan.
El local de la boutique lo alquiló un carnicero. Hasta ahí, todo bien. El tema es que el carnicero nunca ordenó quitar la alfombra de pisos y paredes, y mi barrio fue testigo de la única carnicería del mundo en la que los pollos y los lechones eran exhibidos en una vidriera que antes supo mostrar vestidos de seda. Nos daba asco ver la alfombra manchada por la mercadería carnicera. Como si eso fuera poco, la carnicería se llamaba La última esperanza, lo que nos hacía imaginar vacas enfermas.

No se qué fue de la vida de esos comerciantes.
Tal vez el turco haya encontrado un barrio en el que sus habitantes necesiten comprar dos o tres toallas por día.

21 Comments:

Blogger martinezconacento said...

Disparatadas las tres; surrealista la carnicería tapizada, superflua la boutique, pero me quedo con la primera. Inefable, si.

8/8/07 18:14  
Blogger reina imposible said...

El ir a ninguno de los establecimientos hizo el equilibrio, no?
abrazo posible
reina imposible

8/8/07 23:08  
Blogger Bambu said...

Si las paredes de ese local hablaran...
Lo de la carnicería tuvo que ser Dantesco...

9/8/07 03:29  
Blogger La interrogación said...

ooops, una carnicería en una tienda de lujo. Esto parece una novela con una buenísima descripción de comercios anormales.

9/8/07 08:04  
Anonymous cacho de pan said...

un arcángel con la mirada inquisitiva de un entomólogo.
preciosa y dura descripción.

9/8/07 11:56  
Blogger elperdedor said...

Adorable Gilda…

“Historias de turcos y carniceros” sería un hermoso (y cortazariano) título para un libro de cuentos escrito por vos. Caben en él los pollos, la alfombra de terciopelo y el orín (todo a la vez: sugestiva perfomance proletaria), y puede que hasta el antiguo carnicero de mi barrio, casado en segundas nupcias con una venezolana y convertido luego a la cienciología. No sé qué fue de él. Creo que dejó de matar pollos y se puso a hacer hijos. Igual se cree que así purga sus pecados de matarife…

Historia hermosa y tierna la tuya. La siento palpitante y triste, como un recuerdo mío.

Besos desde el otro lado del charco.

9/8/07 12:43  
Blogger botas de agua said...

brutal surrealismo (aunque no lo sea) el de los pollos de cabezas cortadas y costillas de cerdo entre tercipelos de lujo... eres única. besos, g

9/8/07 14:17  
Blogger botas de agua said...

(por si no lo ves, te dejé mi comment sobre los haikus... espero que no te aburra demasiado... ;)

9/8/07 14:53  
Blogger TOROSALVAJE said...

"La última esperanza", por favorrrrrrrrrrrrrrrr que rótulo más genial, y los pollos con moqueta, ja, me río del realismo mágico, jajajajajajaja.

Un día si voy quiero que me dediques unas horas y me enseñes donde estaba todo eso.

Un beso.

Mañana me voy, te traeré niebla.

9/8/07 15:44  
Blogger Indigo said...

¡Qué historias! Carnicería surrealista. Y el turco más: toallas + orines, combinación atroz.
Besos

10/8/07 04:37  
Blogger Las3Musas said...

Querida Gilda, me hace muy bien la carnicería alfombrada, el orín de turco, tu barrio vital, tanto que dan ganas de tener ahora mismo una ventana a él.
te dejo un abrazo
musa

10/8/07 05:53  
Blogger cacho de pan said...

ooops, dice un comentario, y era el nombre de "el roto" antes de ser el roto.
a él le gustaría tu mirada y yo, por afinidades electivas, te he puesto un link en mi página.
espero no te moleste.

10/8/07 09:37  
Blogger Anna. said...

woaowwwwwwwww...fascinante.

Anna.

10/8/07 12:21  
Blogger Arcángel Mirón said...

Cacho, ¡cómo me va a molestar, hombre!
Pero no entendí tu comentario.

10/8/07 16:31  
Blogger el nombre... said...

estoy pasando sólo para agradecer tus palabras en mi post.
la princesa se tomó 3 días, y ahora, mucho trabajo.
El domingo me dedico a leer el post de cada uno, que me enriquecen, y... lo necesito.


un beso

10/8/07 22:31  
Blogger cacho de pan said...

buscá en google "el roto": es un dibujante español de visión descarnada.
se llamó ops al principio de su carrera.

11/8/07 06:22  
Anonymous salva said...

¿Locos por naufragar salieron a bailar como dos locos bajo el chaparrón de notas?
El rocanrol de los idiotas.

12/8/07 03:27  
Blogger MAYA said...

Gilda: Me has llevado por esos tiempos mercantiles y realmente me imagino a los pollos y pedazos de carnes chorreando en la bendita alfombra verde. Que bueno esta este post Emperatriz, realmente como para hacer un corto. De toallas, a vestidos de seda y rematas en sangres.. Repito, como para corto de Tarantino.

Siempre es un gusto leerte.

Un beso,

Maya

12/8/07 12:34  
Blogger el nombre... said...

me hiciste acordar a un turco que tenía una zapatería, y se lavaba las manos en una palangana a la que una vez por semana le cambiaba el agua!!!!!

ojo! no quiero discriminar. hay turcos limpitos, pero porqué será esa costumbre?

ahora, no me vas a decir que la carne no era "tres chic"?

un beso

13/8/07 02:14  
Blogger Clarice Baricco said...

Seguro que el turco le vendió toallas al presidente pasado que tuvo este país mexicano.
Perdón, pero recordé un mal chiste y real que tuvimos los mexicanos.

Disfruto de tus historias.

Abrazos

15/8/07 16:04  
Blogger Azul caleidoscopio said...

Surrealismo en cada esquina, negocios tan poco perceptivos de las necesidades de la gente como sus duenhos, me encanta como lo describes. Un abrazo.

19/8/07 21:14  

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