02 diciembre, 2009

Alfombras

Pasaron años, y sin embargo no lo olvido. Esa mañana, papá me dijo:

-Hoy vamos a ir a la casa del tío Felipe, porque tiene una alfombra nueva.

Yo me estremecí. Nunca me gustaron las alfombras del tío Felipe.

El tío Felipe, una o dos veces por año, iba a la selva y cazaba animales. Luego colgaba las cabezas de los animales en la pared del living, o usaba las pieles para hacer alfombras. Cada vez que volvía de la selva, el tío Felipe organizaba una fiesta; asaba venados y bebía champaña, y toda la familia estaba invitada, y debíamos ir y decir lo mucho que nos gustaba el nuevo puma apachurrado bajo la mesa ratona o la nueva cabeza de jirafa colgada encima de la chimenea. Y a mí, que nunca me gustaron los asesinatos, me repugnaba tanto cadáver disecado.

Llegamos al mediodía, justo cuando el venado de la parrilla empezaba a largar olor a carne chamuscada. El tio Felipe vino hacia nosotros gritando y gesticulando mucho, y empezó a repartir copas y a contar anécdotas aburridas o terribles sobre su última estadía en la selva.

-¡Vamos a ver la alfombra! –exclamó cuando vio que mamá empezaba a quedarse dormida, y nos llevó al living. Un león más grande que los de mi imaginación alfombraba el suelo. El tío Felipe se hinchó de orgullo, aceptó la felicitación de papá, fingió no ver la cara de asco de mamá, y me preguntó si me gustaba. Yo dije que más o menos; lo que no dije fue que el león parpadeó, y no lo dije por dos motivos: uno, porque no iban a creerme, y dos, porque si me creían, mi tío agarraría la escopeta y se aseguraría de que el león no volviera a parpadear. Pedí permiso para quedarme en el living mientras los grandes comían venado en el patio; que no, no tengo hambre, y así pude quedarme ahí, sentada en el suelo, al lado de la nueva alfombra.

-Ey –le dije al león apenas nos quedamos solos. El león abrió los ojos y me miró. Luego se paró y se sacudió, como hacen los perros cuando se despiertan. Por algún extraño motivo, mi tío no se había dado cuenta de que el león estaba vivo e indemne; por algún motivo más extraño aún, el león estaba vivo e indemne. Y yo tenía que sacarlo de ahí.

Abrí de par en par los faraónicos ventanales del living; el león se había acercado a ellos y miraba hacia afuera.

-No vas a poder salir, mi tío está en el patio –le dije, mientras trataba de idear un plan para liberar al animal sin que mi tío lo notara; entiendan, yo era una niña.

Pero el león debía saber algo que yo ignoraba, porque me lamió la cara y salió volando por el ventanal hacia el cielo inalcanzable, y lo hizo frente a la mirada asombrada de mi tío, que nunca había sospechado que el león, además de león, era alfombra voladora.

31 Comments:

Blogger nomesploraria said...

¿Y a su tío Felipe no lo disecaron?
A lo mejor se convirtió en un Felipe Volador.

Apapachos

2/12/09 14:04  
Blogger kutxi said...

Breve y precioso. Qué más se puede pedir.

2/12/09 15:07  
Blogger LA CASA ENCENDIDA said...

Jeje, ¡que bueno!!!
Gilda, me ha encantado este cuento. ¡QUE VUELEN O CORRAN TODOS LOS ANIMALES!
¿Sabes?.Cuando era niña veía muchos animales disecados y no me gustaban nada. Los aficionados a la cacería los hacían poner así en sus salones y además de que me danban susto, ¡tan quietos y tiesos!, me impresionaban mucho, aunque fueran pequeños. No me gustan los animales en la casa, ni vivos ni muertos. Ellos deben estar libres y vivir en su lugar de origen, no me gustan las mascotas aunque sean perros,gatos o pajaritos, ellos deben estar libres también.
Besicos muchos guapa y lo dicho, ¡ME HA ENCANTADO!

2/12/09 16:39  
Blogger Luis Recuenco said...

Las alfombras voladoras pueden ser lo que quieran, por algo fueron inventadas para transportar nuestros sueños.

Un saludo.

2/12/09 19:23  
Blogger Sinuosa said...

Un cuento precioso. Tierno y requetebien contado.
Me encanta.

2/12/09 19:42  
Blogger SUSANA said...

Ajá... la niña Gilda ya comenzaba su propia cruzada de justicia poética. Imaginaba que algún día esa "visión" serían letras, convicciones para compartir con otros locos lindos, a los que tampoco le gustan esos tíos Felipes que cazan.

Mi beso a la niña que te habita, bella Amiga mía!

:)

2/12/09 21:21  
Blogger El Doc 9 said...

Que loco el tio Felipe, que sabe Gilda, es mi segundo nombre por elecció, cuyo apunte esta resumido en mis Apuntes del Doc9, la felicito por todo, un beso grande

3/12/09 01:27  
Blogger Belén said...

Te podría haber llevado ;)

Besicos

3/12/09 03:34  
Blogger AdR said...

Adoro tu imaginación, la adoro.

Besos.

3/12/09 06:07  
Blogger Raúl said...

Qué peligro tenía el tonto de tu tío.

3/12/09 06:32  
Blogger malditas musas said...

Un placer... Un cuento volador por excelencia: me encantó.

bss
musa

3/12/09 07:58  
Blogger Arcángel Mirón said...

Muchas gracias a todos.

:)

3/12/09 12:03  
Anonymous mandoble said...

Buenísimo!!!!!!
Hermoso. Te felicito una vez más

3/12/09 15:26  
Blogger Salva said...

Jajaja maravilloso final :)

3/12/09 16:18  
Blogger Sr. Miyagi said...

Muy bueno Arcángel.

3/12/09 19:26  
Blogger Wara said...

Ah, qué lindooo, Gilda. Precisamente me andaba a mí por la cabeza alguna historia de gente que no cree en las alfombras voladoras, y mira tú, qué maravilla. Me ha encantado.

Besos.

3/12/09 21:31  
Blogger TORO SALVAJE said...

Fantástico y preciso como un reloj suizo.
Supongo que esto es la excelencia.

Besos.

4/12/09 10:35  
Blogger Arcángel Mirón said...

Muchas gracias a todos.

Apapachos.

:)

4/12/09 13:48  
Blogger moreiras said...

Jejeje, fabuloso cuento... (me apunto tu dirección)

4/12/09 14:35  
Blogger Fusa said...

Me encanta cuando Gilda habla de los leones, de todo lo salvaje y mágico que hay en ellos. Nunca me parecieron tan literarios como hasta conocerte.
Me ha gustado mucho este cuentos. Y la vocecita que lo narra, que se queda adentro, algo aguda.
El final es muy tierno.
Un abrazo.

4/12/09 20:15  
Blogger seo said...

que asquito lo de los animales disecados. es horroroso

el final, brillante jejjejej

saludos

4/12/09 21:51  
Blogger Daniel said...

Que bueno!!!
Sólo pasaba a saludarte
Y dejarte mi abrazo.
Dani..

5/12/09 22:22  
Blogger Clarice Baricco said...

Oh...no soporto los animales disecados. Todavía no entiendo tal atrevimiento.
¡Què haya muchas alfombras!

Beso.

6/12/09 04:15  
Blogger Arturo said...

Qué pena no haber volado con él para contarnos lo que viste. Abrazos

6/12/09 04:16  
Blogger Ingrid Dietricht said...

Maravilloso cuento... Me ha encantado!! Gracias.
Yo tengo una sensación en los Zoos, me gustaría que todos los animales escaparan del yugo y los barrotes, volvieran a su libertad.
Respecto a las cabezas cortadas y las alfombras de pieles, ojalá todas escapen como en tu cuento.

6/12/09 10:49  
Blogger Sureña said...

La de cosas que eres capaz de contarnos y cómo nos las cuentas... cada día que pasa me soprendes más :)

Apapachos de los tuyos.

7/12/09 09:33  
Blogger Shandy said...

No es el primer cuento que te leo donde aparece un león. Parece que ellos, los leones, siempre están dispuestos a estar a tus pies porque saben que en cualquier momento les dejarás volar. Y tú, con ellos.
Un abrazo

7/12/09 18:05  
Blogger exiliada said...

buenísimo.
sin palabras

saludos!

8/12/09 01:46  
Blogger consumida said...

Cosas de alfombras...

9/12/09 00:15  
Blogger Arcángel Mirón said...

Muchas gracias a todos.

:)

Apapachos.

9/12/09 11:43  
Blogger Lucy in the Sky said...

¡Qué hermoso final!

13/12/09 16:29  

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